Agazapado en los lúgubres rincones de mi aposento
observé impaciente el lento transcurrir del tiempo.
*
Esperando cual felino hambriento
una leve distracción de su presa,
tras la ventana mi mirada acecha
en busca de lo que ceda el viento.
*
Y en esa rueda cíclica en la que naufraga el tiempo
esperé reencontrar de mi vida los buenos momentos.
*
Oscuridad, nostalgia, miedo y soledad
asiduas huestes son de mi cordura,
al tiempo que, anhelante de libertad,
mi alma ansía unas migajas de fortuna.
*
Mas en el arduo oficio de esperar no hallé recompensa,
sólo fue tras surcar los inexplorados límites de mi fuerza.
*
Pues no hay premio a la holgazanería,
ni recompensa a la expectación.
La felicidad reside en los que día a día
persisten en su lucha con tesón.
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